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Los retos del directivo para el próximo año

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managementRecursos Humanos RRHH Press. Entre las funciones del directivo siempre ha de estar presente la observación de todo lo que le rodea y que afecta a la buena marcha de su compañía, el comportamiento de sus clientes, el de la competencia, los avances en su sector, etc.

Pero, además, según explica Gonzalo Martínez de Miguel, director de Infova, compañía especializada en formación y desarrollo del talento directivo, son necesarias otras habilidades derivadas del momento actual en el que vivimos:

Saber moverse en un entorno social incierto. La inestabilidad política, tanto española como mundial, afecta a las empresas a la hora de poner en marcha nuevos proyectos o tomar decisiones importantes que afectan tanto al futuro de sus trabajadores como a la supervivencia de la empresa.

El cambio ya no es una situación transitoria que dejará paso a una etapa de estabilidad. La actitud que se exige a los directivos es otra. El cambio no es la excepción, ahora es la norma. A los directivos nos toca aceptar que todo está en movimiento, que la realidad es dinámica y las reglas del juego pueden cambiar en cualquier momento. La clave es aprender a disfrutar de esa inestabilidad en lugar de sufrirla. Trabajar la serenidad a través de prácticas de meditación será cada vez más frecuente.

Adaptación digital. Todas las empresas han comenzado un camino hacia la digitalización. Los directivos tienen que saber adaptar sus proyectos y sus estrategias en este aspecto. La revolución digital ya es parte del pasado, y algunos directivos aún no han terminado de aceptarla. Cada empresa tiene que encontrar la respuesta digital más inteligente para ella y para su negocio.

Control emocional. En un entorno en el que cada vez se da más importancia a las emociones, a la manera que tenemos de gestionarlas para encontrar el equilibrio entre nuestro bienestar mental y nuestro entorno laboral, un buen directivo no puede permitirse ser un analfabeto emocional.

Detrás de cualquier proceso organizativo que afecte a las personas se mueve mucha energía emocional que tienen que ser gestionada con inteligencia. El proceso de autoconocimieto del directivo también es una clave importante. Es difícil entender a otras personas si no somos capaces de entendernos a nosotros mismos.

No dejar de formarse. Un buen profesional nunca deja de aprender, pero en la actualidad se exige a los trabajadores que adquieran nuevas competencias cada vez más rápido. Todos estamos en cambio y evolución. Creer que ya hemos aprendido todo lo que necesitamos para ser grandes profesionales no tiene sentido. El mundo genera una cantidad de conocimiento que exige de nosotros una actitud real de apertura y aprendizaje.

Adaptarse a horarios más flexibles. La racionalización de los horarios es uno de los asuntos más puestos sobre la mesa en los últimos tiempos. Poco a poco se va dando más relevancia a las voces que abogan por la conciliación de la vida laboral y familiar, la racionalización de horarios, reducciones de jornada, etc. El directivo debe gestionar este aspecto. El “presencialismo” sin mucho sentido práctico cada vez es más cuestionado. Los profesionales, aun estando muy comprometidos, están demandando una mejor organización de la jornada que les permite disfrutar de su tiempo libre y atender otros compromisos no profesionales.

Liderar equipos deslocalizados. Las nuevas oficinas superan los muros tradicionales, y los empleados de una empresa pueden llegar a trabajar desde cualquier parte del mundo. El fomento de la internacionalización de las empresas ha traído esta consecuencia, a la que los directivos deben adaptarse. Dirigir equipos deslocalizados exige un nivel de madurez en las personas que no siempre está disponible. Además habrá que generar hábitos nuevos de comunicación y de trabajo cooperativo que permita estar conectados y alineados a pesar de las distancias.

Saber gestionar la diversidad en los equipos. La diversidad es fuente de beneficios para la empresa, porque los mejores equipos suelen ser dispares en género, en edades, en formaciones y en puntos de vista. Hacer equipos demasiado homogéneos es una forma de empobrecerlos. La verdadera diversidad es la de los diferentes puntos de vista.

Por último, Gonzalo Martínez de Miguel explica que los directivos españoles se mueven bien en la incertidumbre y en entornos poco configurados. Son más flexibles a la hora de cambiar de planes y se adaptan mejor a las nuevas estrategias cuando los resultados no son los esperados.

Son más atrevidos, incluso osados, en sus planteamientos, en situaciones en las que otros adoptan posturas más tradicionales. Por ello, Martínez de Miguel cree que estarán muy bien capacitados para superar los retos que depare el futuro.

RRHHpress.com

 

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